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viernes, 8 de septiembre de 2017

¿POR QUÉ SOY MIEMBRO DE LA IGLESIA DE CRISTO?


PRIMERA RAZÓN – “PORQUE EL SEÑOR TUVO MISERICORDIA DE MÍ” (Efesios 2:1-9).  Antes yo estaba muerto en mis delitos y pecados, y así vivía siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia. En ese tiempo vivía en los deseos de mi carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y era por naturaleza hijo de ira, lo mismo que todos los hombres. Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando muerto en pecados, me dio vida juntamente con Cristo (por gracia fui salvo), y juntamente con él me resucitó, y asimismo me hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para conmigo en Cristo Jesús. Porque por gracia soy salvo por medio de la fe; y no fui salvo por algo bueno que haya hecho, sino por la gracia de Dios. Ahora soy hechura suya, creado en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviese en ellas.

SEGUNDA RAZÓN - POR CAUSA DEL AMOR DE DIOS. En el pasado, y a causa de mis pecados, voluntariamente estaba alejado de Dios y su voluntad (Juan 3:20; Génesis 3:6, 8; Romanos 1:24-28). Esto provocaba mucho temor, pues sabía que era culpable delante del Señor y que merecía ser castigado (Génesis 3:16). No había paz en mi corazón, no había consuelo, ni reposo en mi alma (cfr. Génesis 3:10; Isaías 48:18). Me había convertido en un esclavo del pecado (Juan 8:34), y aunque en algunas ocasiones pretendía acercarme a Dios, seguía siendo esclavo por creer que con algunas oraciones, o con leer la Biblia y hacer algunas cosas buenas, alcanzaría la salvación de mi alma. Estaba equivocado (Romanos 7:14-24; Salmo 7:14). ¡Miserable de mí! ¿Quién me libraría de ese cuerpo de muerte? Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro (Romanos 7:24, 25). Él mostró su amor para conmigo, en que siendo pecador, Cristo murió por mis pecados (Romanos 5:8). Y no solo eso, pues, estando ya justificado en su sangre, por él también seré salvo de la ira. Porque si siendo enemigo, fui reconciliado con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliado, seré salvos por su vida. Soy muy feliz porque ahora estoy en paz con él (Romanos 5:9-11). ¡Qué grande es el amor de Dios! (Juan 3:16).

TERCERA RAZÓN – PORQUE EL SEÑOR ME AÑADIÓ A ELLA. Cuando escuché que “la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente” (Tito 2:11, 12), estuve dispuesto a escuchar el evangelio de Cristo (cfr. 1 Samuel 3:10). Fue así que entendí por qué mi vida había cambiado tanto al llegar a mi juventud (Génesis 8:21). Ni el sistema, ni mis padres, ni mis amigos eran culpables de mis pecados, sino yo mismo (cfr. Ezequiel 18:20). Estaba destituido de la gloria de Dios (Romanos 3:22, 23). Era un infractor de la norma de conducta que Dios había puesto en mi corazón (Romanos 2:15; 1 Juan 3:4). Estaba muerto, separado de Dios y sin esperanza en este mundo (Isaías 59:1, 2; Efesios 2:12). Estaba destinado al lago de fuego (Apocalipsis 21:8).  No obstante, también aprendí una buena noticia: Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuanta sus pecados (2 Corintios 5:19). Él pasó por alto mi perversa vida (Hechos 17:30), y ahora me estaba llamando para ser perdonado de todos mis pecados (2 Tesalonicenses 2:14; Mateo 11:28; Hechos 13:38).  Mandó que me arrepintiera de mis pecados (Hechos 17:30; 3:19); confesara delante de los hombres que lo reconocía como el Hijo de Dios (Mateo 10:32, 33; Romanos 10:9, 10; Mateo 16:14-17; Hechos 8:37), y fuese sumergido en agua para perdón de mis pecados (Hechos 2:38; 22:16; 1 Pedro 3:21; Colosenses 2:12, 13; Gálatas 3:26, 27; Marcos 16:16). Cuando obedecí al Señor, fui salvo y añadido por él a su iglesia (Hebreos 5:9; Hechos 2:41, 47; Colosenses 1:13; 1 Corintios 12:13). Ahora soy parte de la familia de Dios (Mateo 28:19-20), soy parte de su cuerpo (Efesios 5:30), su iglesia (Efesios 5:23).

AHORA QUE SOY MIEMBRO DE LA IGLESIA DEL SEÑOR.  He sido enriquecido con toda bendición espiritual (Efesios 1:3). He sido lavado, santificado y justificado (1 Corintios 6:11). Soy una nueva criatura (2 Corintios 5:17), soy parte del pueblo de Dios (Tito 2:14).  Siendo de Cristo, no soy “bautista”, ni “metodista”, ni “mormón”, ni “católico”, ni “evangélico”, ni “pentecostal”, sino solamente “cristiano” (1 Pedro 4:16); y así, me he hecho miembro de una iglesia local donde otros también son “cristianos” (Hechos 11:26).  Como iglesia local, no tenemos denominación, somos autónomos en obra y gobierno (Hechos 14:23). De hecho, en diversas partes del mundo hay otras “iglesias de Cristo” (Romanos 16:16) que, como nosotros, formamos una congregación local para hacer la obra del Señor y glorificarle conforme a su palabra (Efesios 3:21; 5:20). Como iglesia local, nos reunimos cada primer día de la semana para comer la cena del Señor (Hebreos 10:25; Hechos 20:7), celebrar colectas para ayudar a santos necesitados, participar en la predicación del evangelio, y proveer lo necesario para la edificación de los santos (1 Corintios 16:1; Filipenses 4:15-20; Efesios 4:11-12). Nos beneficiamos de la exposición de las Escrituras y las oraciones (Hechos 2:42).  En tales reuniones, cantamos alabanzas, y por voluntad del Señor, solamente usamos el corazón como instrumento musical (Colosenses 3:15; Efesios 5:19). Como cristianos, habitualmente estamos “partiendo el pan en las casas”, donde comemos “juntos con alegría y sencillez de corazón” (Hechos 2:46). Con el salmista exclamamos, “¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía!” (Salmo 133:1).

¿DESEA USTED TAMBIÉN, SER PARTE DE LA FAMILIA DE DIOS?

Si usted desea conocer más exactamente el camino de Dios (Hechos 18:26), le invitamos que se comunique con nosotros hoy mismo. 

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miércoles, 1 de marzo de 2017

EL SILENCIO EN LAS PALABRAS DE DIOS.

Las Escrituras, la Palabra de Dios, autorizan por medio del mandamiento directo, el ejemplo bíblico aprobado y la inferencia necesaria. De allí que, ciertos mandamientos, o ejemplos, o inferencias, incluyen elementos RELATIVOS a lo que se manda. Por ejemplo, Dios mandó a Noé construir un arca de madera de gofer pero, ¿no dijo "nada" de las herramientas? En este caso las herramientas van por "implicación". Por inferencia necesaria sabemos que las herramientas están autorizadas en el mandamiento mismo de "hacer un arca de madera de gofer" (Génesis 6:14). Noé pudo elegir qué herramientas usar. No obstante, esto no implicó otro tipo de madera. Él no podía elegir qué tipo de madera usar. De la "acacia" NO SE DIJO NADA. De la madera de pino, NO SE DIJO NADA. Comparar la "acacia" con el "martillo", es un error, porque el martillo es relativo al hecho mismo de "hacer un arca de madera de gofer", ¿y la acacia? No se dijo nada de ello, sino que todo lo que se dijo sobre "madera", se dijo de la madera de "gofer". Dado que Dios dijo, "gofer", y dado que NO DIJO NADA (silencio) de la "acacia", entonces sería pecado usar "acacia".  Noé no estaría reforzando el arca, ni estaría ayudando a la fabricación de la misma al usar otro tipo de madera. De hecho, estaría ADULTERANDO el mandamiento. No, no dice la Biblia: "Cometes pecado si usas acacia", o "está prohibido usar acacia", o "No usarás acacia". De hecho, de la “acacia” Dios no dice nada, ni a favor, ni en contra. Sin embargo, el silencio no autoriza, el silencio es prohibitivo.

Bueno, dirá alguien, "pero tampoco dice que usara martillo, y si no dice que use martillo, entonces también hay silencio sobre el martillo..." Es verdad que no dice en tantas y cuantas palabras, "usarás martillo", pero, en este caso, no hay "silencio" del todo. ¿Por qué? Porque el "martillo" es RELATIVO a la acción mandada. Está implicado en el mandamiento. No así la acacia. Si el mandamiento dijera, "un arca de madera..." y no más, entonces la palabra madera implicaría toda clase de madera, "acacia”, “roble”, etc., pues estarían IMPLICADAS. No estarían mencionadas explícitamente, pero sí por implicación.

Pero, dado que Dios dijo, "de gofer", y NO DIJO NADA (silencio) de la "acacia", entonces la acacia está prohibida, y no así el martillo. Tanto las palabras "acacia" como "martillo" no están REDACTADAS, pero este último es implicado, y aquella no. ¿Cómo saber que algo es pecado, si las Escrituras no señalan ese algo como pecado? Bueno, hay que ver si ese algo está autorizado o no por mandamiento directo, ejemplo bíblico aprobado o inferencia necesaria.

Este mismo razonamiento hizo el escritor de Hebreos, cuando abordó la cuestión del sacerdocio de Cristo.  En 7:14, dice: “Porque manifiesto es que nuestro Señor vino de la tribu de Judá, de la cual NADA HABLÓ MOISÉS TOCANTE AL SACERDOCIO”.  Sí, es verdad que en Números 3:5-13, Dios especificó que sería la tribu de Leví quien serviría al altar como sacerdotes.  Así como dijo que la madera de “gofer” era la que se usaría para hacer el arca, así dijo que sería la tribu de Leví la que serviría al sacerdocio.  Y así como no dijo nada sobre un “martillo”, o sobre un “cuchillo”, ambas herramientas son relativas al mandamiento.  No obstante, estas herramientas implicadas y relativas al mandamiento, no autorizan otro tipo de madera, u otro tipo de tribu. Pero si dijo nada sobre el martillo, como dijo nada sobre Judá, ¿por qué el martillo y el cuchillo están autorizados, y Judá no lo está, si de todos ellos se dijo nada? El martillo y el cuchillo están autorizados porque son implicados, son relativos al mandamiento, mientras que la otra tribu no está implicada.  Del martillo y del cuchillo sí se habló, pero de manera implícita. De la tribu de Judá no se habló de ninguna manera. O como dijo el escritor de Hebreos que, de ella, “nada habló Moisés tocante al sacerdocio” (Hebreos 7:14). 
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sábado, 3 de diciembre de 2016

EXHORTADOS A TRABAJAR.

Juan 6:27 - Las figuras de dicción se usan para embellecer el lenguaje, como para enfatizar correctamente determinada idea en un discurso. Existen muchas, pero muchas figuras de dicción que a diario usamos, y muchas otras que nunca hemos usados por ignorarlas. En el texto que nos ocupa, encontramos una de ellas, la cual es conocida como “elipsis”. Según la RAE, “Figura de construcción, que consiste en omitir en la oración una o más palabras, necesarias para la recta construcción gramatical, pero no para que resulte claro el sentido”. Esta figura es común en nuestro lenguaje, como en el lenguaje de los hebreos, siendo parte de los llamados “hebraísmos”, es decir, “modismos hebreos”. Cristo no está diciendo que no debemos trabar por la comida que perece, más bien, está enfatizando que debemos trabajar por ambas cosas. En otras palabras, Cristo nos exhorta a...

TRABAJAD… POR LA COMIDA QUE PERECE.
¿Qué es el trabajo? ¿Qué es la comida? El “trabajo” es la “actividad dirigida a utilizar las cosas naturales o a modificar el ambiente con el fin de satisfacer las necesidades humanas” (Diccionario de Filosofía). Luego, la “comida” representa todo aquello que el hombre necesita para su vida terrenal, para mantener la vida física. ¿Qué es lo que el hombre “necesita” para su vida terrenal? Dos cosas. Sustento y abrigo (1 Timoteo 6:8). Sustento, es decir, “comida” (Gr: diatrophas - sustancia). Abrigo, del griego: “skepasmata”, sustantivo que hace referencia a un “tejado”, a una “cubierta”, y de ahí a un “abrigo” o “ropa”. La traducción Torres Amat dice, “Teniendo, pues, qué comer, y con qué cubrirnos, contentémonos con esto”.

Muchos creen que el trabajo es una maldición que Dios dio al hombre por haber pecado. No es así. El trabajo fue dado al hombre antes de su caída (Génesis 2:15). El trabajo no es una maldición, sino algo bueno que proviene de Dios (Eclesiastés 2:24; Eclesiastés 3:12-13, Eclesiastés 3:22; Eclesiastés 5:18-20; Salmo 128:1-2). El “trabajo”, como dije, es la “actividad dirigida a… satisfacer las necesidades humanas”, luego, el trabajo es una “necesidad”. Adán tuvo que “trabajar” en el paraíso. Pablo dijo a los hermanos en Tesalónica, que habían recibido ejemplo de él, para que trabajasen y ganaran su propio pan (2 Tesalonicenses 3:7-12). El trabajo es necesario para poder hacer buenas obras (Hechos 20:34-35). Cuando usted esté trabajando, enfóquese en el fin de esa faena. ¡Y lo gozará! (Efesios 4:28)

TRABAJAD… TAMBIÉN POR LA QUE A VIDA ETERNA PERMANECE.
Esta es la idea del hebraísmo. Cristo no está diciendo que no debemos trabajar, pues, como hemos leído en la Biblia, el trabajo es un don de Dios, y de hecho, necesario para subsistir y hacer buenas obras. El problema con el trabajo terrenal existe cuando no tenemos a Dios y resulta sin provecho. Es vanidad y aflicción de espíritu (Eclesiastés 1:3; Eclesiastés 1:14; Eclesiastés 2:11, Eclesiastés 2:18-23; Eclesiastés 4:7-8; Eclesiastés 5:15-16).  También cuando ocupamos nuestra vida solamente en el trabajo. Dios mandó a los judíos a dejar de trabajar, por lo menos un día a la semana (Éxodo 20:8-11; Éxodo 34:21). El “descanso”, según Dios, es de más valor que el puro trabajar y trabajar (Eclesiastés 4:6).  El problema del trabajo secular existe cuando dejamos a Dios en segundo lugar (Mateo 6:31-34). La palabra “primeramente”, es traducción del adjetivo griego “protos”, el cual indica lo que es “primero”, dentro de la enumeración de varios (cfr. 1 Corintios 12:28). Cuando no atendemos a esta exhortación, no nos sorprenda sufrir el efecto contrario de aquello que queremos lograr (Hageo 1:4-11).

Cristo quiere que usted trabaje, pero también quiere que trabaje por lo que a vida eterna permanece. El trabajo terrenal tiene un objetivo, “el sustento y el abrigo”. El trabajo espiritual tiene un objetivo espiritual, es decir, “lo que a vida eterna permanece”. Luego, Cristo habla de un “ejercicio” o una “actividad” espiritual. El trabajo espiritual, es “lo mejor” en que podemos estar ocupados (cfr. Lucas 10:38-42).

Para los creyentes:
1. Cristo no prohíbe el trabajo terrenal, pero quiere que hagamos también trabajo espiritual.
2. Cristo no prohíbe el trabajo terrenal, pero no quiere que dejemos el espiritual en segundo lugar.

Para los que no son cristianos:
1. El trabajo terrenal es una necesidad, con todo lo que ello implica, como la educación. Pero sin Dios, es vanidad y aflicción de espíritu. 
2. Venga a las filas del Señor, y sea su obrero, es el oficio mejor pagado, justo y con excelentes beneficios para la eternidad (1 Corintios 15:58).

jueves, 1 de diciembre de 2016

Lo que nos falta en el evangelismo personal.

Existen muchos y variados métodos de evangelismo personal. Algunos de ellos son costosos y otros requieren de mucho esfuerzo y dedicación. No obstante, en la Biblia encontramos acciones que, de ser llevadas a cabo, bien pueden garantizar la obra de evangelismo con resultados muy positivos. Como verán, serán acciones sencillas que, no tienen grandes costos económicos, y que bien pueden llevarse a cabo a cualquier hora del día, y en cualquier lugar.

LA INVITACIÓN Y LA PERSUASIÓN.
Como lo hizo Cornelio, aquel hombre de Cesarea, centurión de la compañía llama la Italiana (Hechos 10:1). Este hombre estaba muy interesado en hacer la obra de Dios, de tal manera que era muy piadoso. Dios se manifestó a él, y le indicó que invitase al apóstol Pedro a su casa, para que de él aprendiera cómo hacer la voluntad de Dios. Una vez que Cornelio llevó a cabo todos los preparativos para que Pedro viniese a su casa a predicar el evangelio, nótese lo que hizo en el verso 24: “Al otro día entraron en Cesarea. Y Cornelio los estaba esperando, habiendo convocado a sus parientes y amigos más íntimos”. ¿El resultado? Cornelio, con su familia, recibieron arrepentimiento para vida, pues todos fueron bautizados.

Cornelio tenía en muy alta estima su relación con Dios. Nosotros debemos tener en muy alta estima el evangelio. Cornelio hizo los arreglos necesarios para que la Palabra de Dios estuviese disponible. Nosotros debemos hacer tales arreglos, para que el evangelio esté disponible en nuestros hogares. Cornelio “convocó a parientes y amigos”. No se limitó a contar sobre su interés. No se limitó a pedir la opinión de los demás. Los “convocó”. Tuvo día y hora para que sus “parientes” y “amigos” estuviesen en su casa para escuchar la Palabra de Dios. ¿Puede usted “convocar” a sus “familiares” y “amigos” para los domingos a las 10 de la mañana? ¿Puede usted convocar a sus amigos y familiares, algún otro día, para que escuchen la Palabra de Dios? Esto nos hace falta: Interés, arreglos y convocatoria.  Usted como individuo puede organizar una comida en su casa, invitando a un hermano a presentar el evangelio a los invitados.

Otro ejemplo es Andrés, al llevar a Pedro con Jesús (Juan 1:40-42: “Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a Juan, y habían seguido a Jesús. Este halló primero a su hermano Simón, y le dijo: Hemos hallado al Mesías (que traducido es, el Cristo). Y le trajo a Jesús. Y mirándole Jesús, dijo: Tú eres Simón, hijo de Jonás; tú serás llamado Cefas”. Andrés despierta el interés de Pedro: “Hemos hallado al Mesías”. Usted necesita despertar el interés de sus “familiares” y “amigos” por las cosas de Dios. Hay miles y miles de maneras en que usted puede despertar el interés de ellos. Andrés, habiendo despertado su interés, “le trajo a Jesús”. Usted, una vez que ha logrado despertar el interés de sus familiares y amigos por Cristo, debe “traerlos” a que escuchen su palabra. Ellos necesitan ser acompañados, guiados o asesorados para que tengan la confianza de venir y escuchar el evangelio. Quizá muchos de ellos necesitan ayuda para llegar. Tal vez son muy ancianos, o tal vez tienen alguna discapacidad. O tal vez viven lejos y se les dificulta llegar. ¿Puede usted traerlos, guiarlos y asesorarlos? Esto nos falta: Producir interés por Cristo, y “traerlos” literalmente a que escuchen su Palabra.

USAR EL EJEMPLO DE JESÚS PARA PERSUADIR A LAS PERSONAS, A TODAS LAS PERSONAS.
Tenemos el ejemplo de Jesús, cuando habló con la mujer samaritana (Juan 4:6 y siguientes) Jesús inició a dialogar con la mujer, en un momento que no era oportuno. Era la hora sexta, como las seis de la tarde. No era un horario oportuno. Él estaba “cansado del camino”, cualquier pudiera pensar que lo pudo haber hecho luego, que no era el tiempo oportuno. La mujer que se acerca al pozo, según el verso 7, es “samaritana”, ¿y sabe qué? Dice el verso 9, que “judíos y samaritanos no se tratan entre sí”. Cualquiera de nosotros, si fuéramos judíos, ni la hubiésemos saludado, ¿verdad? En nuestro mundo, en el que hay “clases sociales”, existen personas a las que ninguno que se diga ser decente, les dirige la palabra. Uno pudiera pensar que no era la persona adecuada. Y otra cosa más, dice el verso 7, que ella “Vino… a sacar agua”.  Era tarde, ella necesita llevar esta agua a casa para seguir con sus faenas. Definitivamente, acerquémonos a Jesús y disimuladamente digámosle, Señor, creo que no es oportuno, ni la hora correcta, ni la persona adecuada para que le compartas de tu palabra. ¿No suena insensata tal declaración? 

Esto nos falta: Compartir el evangelio a “toda hora”, nunca es muy temprano, ni muy tarde para hablar de Cristo e invitar a las personas a escuchar su palabra. Compartir el evangelio en “todo momento”, aún en nuestra hora de descanso, o mientras estamos en el hospital siendo atendidos, o mientras pedimos agua para beber. Compartir el evangelio a toda persona, aun a los que son de poca estima, o despreciados por la sociedad. Compartir el evangelio sin importar las circunstancias, aún mientras trabajamos, o estudiamos, o nos divertimos, o comemos, o en pocas palabras, aun cuando nosotros o las personas estemos ocupados.

¿Qué les diremos? ¡La verdad! Jesús convenció a la mujer samaritana sobre su necesidad de Dios. Esto nos falta – Convencer, con las Escrituras, que nuestro familiar, o nuestro amigo, tienen necesidad de Dios. Convencer que es cuestión de vida o muerte.

¿Qué nos está faltando en el evangelismo personal? Convocar, invitar y traer a las personas para que escuchen de Dios. Compartir la Palabra de Dios a toda hora, en todo momento, en todo lugar, y con toda persona: Comencemos con nuestros familiares y amigos. Comencemos ahora mismo.

miércoles, 30 de noviembre de 2016

Y conoceréis la verdad (5)

¿Desea usted conocer la verdad? Cristo nos dice que es posible conocer la verdad. Él dijo, "y conoceréis la verdad" (Juan 8:32). Nos dice cómo hacerlo y qué grande beneficio resulta al hacerlo. Dice que seremos libres. Esta libertad, desde luego, resulta no solo en la salvación de nuestras almas, sino también con respecto a todo error religioso. Sin embargo, hay obstáculos que pueden llegar a desanimarnos para no conocer la verdad. De hecho, cuando los consideramos, representan “muy buenas razones” para evitar conocer la verdad.

1. Tal vez no sea popular por conocer la verdad.
2. Tal vez no sea agradable a muchos por conocer la verdad.
3. Tal vez vaya a prisión por conocer la verdad.
4. Tal vez pueda perder la vida por conocer la verdad.
5. Tal vez pierda amigos, o familiares por conocer la verdad.

ES MEJOR ESTAR SOLOS POR LA VERDAD, QUE ESTAR UNIDOS EN EL ERROR. La unidad es maravillosa. Debemos buscarla, amarla, y tratar por todos los medios de mantenerla. La unidad es buena y es agradable. En el Salmo 133:1, el salmista clama: "¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía!". La unidad es buena, es algo que produce un sano placer entre aquellos que la practican. No obstante, la verdad no debe ser sacrificada por lograr la “unidad”. La verdad ha estado siendo sacrificada por la “unidad”. Son muchos los que promueven la unidad sin la verdad, porque no quieren perder amigos, no quieren perder familiares, no quieren perder hijos, no quieren perder salario, no quieren perder prestigio, no quieren perder nada.

Tal vez todos recordamos al profeta Elías que, en el Monte Carmelo, estaba solo a la derecha del pueblo, y por la Izquierda los 400 profetas de Baal. ¿Por qué no buscó la unidad con ellos? ¿Por qué no buscó la popularidad que ellos tenían? ¿Por qué llevó todo hasta este punto, en el que vamos a ver sangre y lamentación, y finalmente, la muerte de todos ellos? Porque la verdad no debe ser sacrificada por la unidad. Algunos dicen que debemos tener el “espíritu de Cristo”, y evitar toda controversia en favor de la unidad y la armonía en la iglesia. Pero, ¿es verdad que Cristo evitó disentir y marcar diferencias en pro de la unidad entre los hombres? Leamos Mateo 10:34, “No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada”. ¿Piensa usted que Cristo vino a traer paz a la tierra? ¿Cuántos son los que dicen que Cristo vino a traer paz a la tierra? Pues no, él no vino a traer paz, sino “espada”. ¡Espada! Qué palabra tan fuerte y tan negativa para quienes sacrifican la verdad por la unidad y la popularidad.

Un momento, ¿estamos diciendo que Cristo no vino a traer paz a su hogar, para que haya unidad y armonía en su casa? Jesús explica, diciendo, “Porque he venido para poner en disensión al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra” (v. 35). ¡Vino a dividir! Vino a poner “al hombre contra su padre”. ¡Qué tremendo caos familiar hay aquí! Martín Lutero, el reformador protestante, (en La vida de Lutero, por Stork) dijo: "Yo oro porque ustedes no se llamen Luteranos, sino como Aquel, de quien nuestra doctrina emana. Yo no quiero saber nada de paz y concordia donde se ha perdido la verdad".  “Y conoceréis la verdad…”, ¿está usted dispuesto a conocerla y practicarla, a pesar de que se quede solo en este mundo?

ES MEJOR CONOCER LA VERDAD QUE LASTIMA Y LUEGO CURA, QUE PERMANECER EN LA MENTIRA QUE ALIVIA PERO LUEGO MATA.
¿Por cuánto tiempo los 400 profetas de Baal estuvieron hablando mentira al pueblo? ¿Cuántos beneficios obtuvieron? ¿Cuánta armonía alcanzaron? ¿Cuánta popularidad tenían? Sin embargo, ¿Cuál fue el fin de ellos? ¡La muerte! Salomón escribió que “Fieles son las heridas del que ama; pero importunos los besos del que aborrece” (Proverbios 27:6). La verdad suele ser cruda y molestar, pero al final nos hace gozar del amor de Dios. Por su parte, la mentira, aunque por un momento nos proporciona cierta estabilidad, goce y tranquilidad, al final es importuna y dañina para nuestras almas.

“Y conoceréis la verdad…” ¿Está usted dispuesto a conocerla, a pesar de que no sea grata para sus oídos? ¿Está usted dispuesto a practicarla, a pesar de ser chocante a quienes andan en error? Puede que sus familiares y amigos se sientan lastimados al saber que usted conoce y practica la verdad, ¿aun así quiere conocerla?

ES MEJOR SER ODIADO POR DECIR LA VERDAD, QUE SER AMADO POR DECIR LA MENTIRA.
En 2 Crónicas 18:7, leemos: “El rey de Israel respondió a Josafat: Aún hay aquí un hombre por el cual podemos preguntar a Jehová; mas yo le aborrezco, porque nunca me profetiza cosa buena, sino siempre mal. Este es Micaías hijo de Imla. Y respondió Josafat: No hable así el rey”. Micaías era “aborrecido” por decir la verdad. Al rey no le gustaba oír la verdad. ¿Y a cuánta gente le gusta escucharla? Si leemos la epístola que Pablo mandó a los Gálatas, nos damos cuenta que los hermanos andaban en error, y necesitaban que alguien les hablara la verdad. El apóstol Pablo les declaró sin rodeos, “De Cristo os desligasteis, los que por la ley os justificáis; de la gracia habéis caído.” (Gálatas 5:4). ¡Qué tremendo mensaje! ¿Cuán fuerte debió haber golpeado en la mente de los hermanos una declaración como esa? ¿Cuán fuerte cree usted que fue el impacto, al escuchar decir, “de la gracia habéis caído”? El asombro no fue menor al que sintió Pablo cuando escribió, “Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente.” (Gálatas 1:6). ¿Qué dice Pablo? Dice que estamos siguiendo, ¿qué cosa? ¡Un evangelio diferente! Tal expresión retumba y conmueve la unidad y armonía que bien podría haber tenido Pablo con los Gálatas. De hecho, Pablo nos revela lo que estos hermanos estaban sintiendo hacia él, indicando que ya no sentían el mismo amor y respeto hacia su persona, sino que lo veían como un enemigo. En Gálatas 4:16, Pablo escribió, “¿Me he hecho, pues, vuestro enemigo, por deciros la verdad?”  Ellos lo habían recibido con amor, como a “un ángel de Dios” (v. 14). Pero ahora que les ha dicho la verdad, Pablo les pregunta, “¿Dónde, pues, está esa satisfacción que experimentabais? Porque os doy testimonio de que si hubieseis podido, os hubierais sacado vuestros propios ojos para dármelos.” (v. 15). ¡Se acabó el gozo! ¡Se acabó la armonía! ¡Se acabó la satisfacción! Ya no somos amigos, ni hermanos, ¡somos enemigos! ¿Por qué? Por decir la verdad. ¿A cuanta gente le gusta escuchar la verdad?

Faraón odió tanto a Moisés, al punto de correrlo violentamente de su presencia y desear su muerte. En Éxodo 10:28, leemos, “sino que le gritó a Moisés: — ¡Largo de aquí! ¡Y cuidado con volver a presentarte ante mí! El día que vuelvas a verme, puedes darte por muerto.” (Nueva Versión Internacional). En el primer libro de reyes, en el capítulo 18, podemos leer del odio que tenían Acab y Jezabel contra los profetas de Dios, entre los cuales estaba Elías. De hecho, cuando Acab fue encontrado por Elías en la viña de Nabot, “Acab dijo a Elías: ¿Me has hallado, enemigo mío?” (1 Reyes 21:20). Acab tenía como “enemigo” a Elías, porque Elías le decía la verdad.

Juan el bautista fue decapitado por el odio que Herodías tenía contra él, siendo que públicamente predicaba en contra de su adulterio (Mateo 14). El mismo Jesucristo fue crucificado, no por delito alguno, sino por hablar la verdad. En los días de Isaías, las gentes decían a “los profetas: « ¡No nos sigan profetizando la verdad! Dígannos cosas agradables, profeticen ilusiones.” (Isaías 30:10 - NVI). El error de muchas iglesias hoy en día, es hacer caso a lo que la gente quiere y no lo que Dios manda. Ha llegado el tiempo en que la gente no tolera la sana doctrina, sino que, llevados de sus propios deseos, se rodean de maestros que les digan toda clase de mentiras. En lugar de escuchar la verdad, prefieren oír toda clase de cuentos fabulosos (2 Timoteo 4:4, 5).

¿Cuántos no han padecido por la verdad? Micaías decía la verdad, y lo pusieron en la cárcel a pan y agua de aflicción. Jesús decía la verdad, y ya no quisieron andar con El. José dijo la verdad, y lo pusieron en la cárcel. Jeremías dijo la verdad, y lo pusieron en un pozo. Daniel dijo y practicó la verdad, y lo echaron al foso de los leones. Los tres varones hebreos dijeron y practicaron la verdad, y los echaron al horno de fuego. Juan el Bautista predicó la verdad, y le cortaron la cabeza. Esteban proclamó la verdad, y lo apedrearon hasta matarlo. Pablo enseñó la verdad, y lo dejaron como muerto. El apóstol Juan reveló la verdad, y lo desterraron a la Isla de Patmos. “Y conoceréis la verdad…”, ¿desea conocerla, a pesar de ser odiado, o difamado, o muerto?

ES MEJOR ESTAR SOLO POR LA VERDAD, QUE ESTAR EQUIVOCADOS CON LA MULTITUD.
¿Con qué grupo se hubiese usted unido, cuando en el monte Carmelo había por un lado, un solo profeta de Dios, mientras que del otro, 400 profetas de Baal? ¿Con la multitud? ¿A quién hubiera seguido usted, a la multitud de personas que ignoraban y se burlaban de la predicación de un solo hombre, Noé, cuando este anunciaba el diluvio? ¿Hubiera sido usted el noveno pasajero en el Arca?
Muchos hoy en día creen que las grandes masas, las mega-iglesias, y las multitudes ateas o religiosas dicen la verdad. Pero no es así. Usted debe recordar que “ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella” (Mateo 7:13). Debe recordar que “estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan” (Mateo 7:14). Muchos por la puerta ancha. Muchos por el camino espacioso, pero también muchos serán los que van a la perdición eterna. Es mejor ser pocos por la verdad, que estar equivocados con la multitud perdida. “Y conoceréis la verdad…” ¿Quiere usted conocerla, o seguir a las multitudes en el error?

Cristo dijo, “Y conoceréis la verdad”, y esto tiene su costo. Usted puede quedarse solo, sin padre, sin madre, sin hijos, sin esposa por la verdad. Usted puede perder amigos por la verdad. Usted puede perder su empleo por la verdad. Usted puede sufrir y perder hasta su vida por la verdad…. Pero, ¿sabe qué? En realidad, tales pérdidas son aparentes. Pues usted recibirá cien veces más si está dispuesto a perder todo ello por la verdad. El que quiera salvar su vida, la perderá, pero el que pierda su vida por causa de la verdad, entonces la hallará. ¿Quiere usted conocer la verdad, para seguirla, practicarla, amarla y vivir por ella?

martes, 29 de noviembre de 2016

Y conoceréis la verdad (4)


Cuando Cristo dijo, “y conoceréis la verdad”, uno bien puede preguntar, ¿es realmente importante conocer la verdad?

ES IMPORTANTE PORQUE DEBEMOS ADORAR E INVOCAR A DIOS “EN VERDAD”

Cristo dice que es necesario: “Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.” (Juan 4:24)

La verdad es parte de nuestra vida nueva que Cristo nos ha dado, “Así que celebremos la fiesta, no con la vieja levadura, ni con la levadura de malicia y de maldad, sino con panes sin levadura, de sinceridad y de verdad.” (1 Corintios 5:8). Sin la verdad no tendríamos ninguna idea sobre cómo agradar a Dios.

Dios espera que los suyos le sirvan en verdad, “Ahora, pues, temed a Jehová, y servidle con integridad y en verdad; y quitad de entre vosotros los dioses a los cuales sirvieron vuestros padres al otro lado del río, y en Egipto; y servid a Jehová.” (Josué 24:14). Dios no esperará menos hoy.

ES IMPORTANTE PORQUE HAY MUCHAS BENDICIONES POR ELLA.

Nos hace libres, “y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8:32). Purifica nuestras almas, “Habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad, mediante el Espíritu, para el amor fraternal no fingido, amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro” (1 Pedro 1:22)

También santifica: “Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad… Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad.” (Juan 17:17, 19)

Es en ella que podemos amarnos como hermanos, “El anciano a la señora elegida y a sus hijos, a quienes yo amo en la verdad; y no sólo yo, sino también todos los que han conocido la verdad, a causa de la verdad que permanece en nosotros, y estará para siempre con nosotros” (2 Juan :1-2)

ES IMPORTANTE PORQUE HAY JUICIO POR NO CONOCERLA.

La ira de Dios está reservada para aquellos que detienen la verdad: “Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad” (Romanos 1:18)

La ira de Dios viene sobre los que no obedecen la verdad, “pero ira y enojo a los que son contenciosos y no obedecen a la verdad, sino que obedecen a la injusticia” (Romanos 2:8)

Los que no creen la verdad, serán condenados, “a fin de que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad, sino que se complacieron en la injusticia” (2 Ts. 2:12)

Conocer la verdad es importante, porque debemos adorar, invocar y servir a Dios en verdad. Es importante porque hay muchas bendiciones al conocer la verdad. Es importante porque hay juicio si la ignoramos. ¿Conoce usted la verdad?

lunes, 28 de noviembre de 2016

Y conoceréis la verdad (3).

Cuando leemos las palabras del Señor en Juan 8:32, debemos buscar respuestas preguntas, ¿cómo conocer la verdad? ¿Cómo gozar de sus efectos sobre nuestras vidas? ¿Qué beneficios hay en conocerla? Y desde luego, siempre estaremos haciendo un llamamiento a que, usted, estimado hermano y amigo, no solamente la conozca, sino que rija el curso de su vida conforme a lo que ella enseña.

¿QUÉ ES LA VERDAD?
Existen al menos tres definiciones sobre lo que es la verdad. Desde el punto de vista de la lógica, la verdad es “la adecuación de la mente con la realidad”. Cuando la mente ejerce un juicio sobre algo, tal razonamiento, o es falso, o es verdadero. Se dice que es “verdadero” cuando es conforme a la realidad, y falso cuando es contrario a ella. En Ezequiel 13:9-10, leemos, “Estará mi mano contra los profetas que ven vanidad y adivinan mentira; no estarán en la congregación de mi pueblo, ni serán inscritos en el libro de la casa de Israel, ni a la tierra de Israel volverán; y sabréis que yo soy Jehová el Señor. Sí, por cuanto engañaron a mi pueblo, diciendo: Paz, no habiendo paz; y uno edificaba la pared, y he aquí que los otros la recubrían con lodo suelto”. Lo que ellos decían ver era falso, no era la verdad, pues sus visiones y mensajes eran contrarios a la realidad. Lo que había en su mente era falso, no existía, ni existiría nunca, no era real, no era la verdad.

Desde el punto vista “moral”, se dice que la verdad es “la adecuación de las palabras con el pensamiento”. Hay ocasiones en que las palabras no se conforman a nuestra verdadera manera de pensar. A esto llamamos “mentira”, la cual, es contraria a la verdad. En Jeremías 23:32, leemos, “He aquí, dice Jehová, yo estoy contra los que profetizan sueños mentirosos, y los cuentan, y hacen errar a mi pueblo con sus mentiras y con sus lisonjas, y yo no los envié ni les mandé; y ningún provecho hicieron a este pueblo, dice Jehová”. Ellos sabían muy bien que Dios no les había hablado en sueños, ni mucho menos que les había dado un mensaje de paz. Sus palabras no se conformaban a sus pensamientos.

Desde el punto de vista “ontológico”, la verdad es “la adecuación de la cosa o entidad con la mente divina”. En otras palabras, hablamos de “verdad ontológica”, cuando nos referimos a la conformidad de una cosa con la idea original que se tuvo o se tiene de ella. Cuando decimos, “esto es oro”, o “estas flores son verdaderas”, o “este es un verdadero caballero”, es porque tales cosas cumplen todos los elementos para ser lo que son, “oro”, “flores verdaderas” y “un verdadero caballero”. Cuando buscamos la verdad ontológica de algo o alguien, buscamos todos los elementos que lo hacen auténtico, o genuino; que no es falso, que no es adulterado, que no es imitación, que no es apariencia; que no lo decimos en sentido metafórico, sino real; que corresponde a la idea que de tal cosa tenemos; que cumple con la esencia de la cosa. En un sentido ontológico decimos que Cristo es Dios, porque tiene todos los elementos esenciales que le hacen ser Dios. Es así que, ontológicamente, si yo digo que soy Dios, sencillamente es falso, porque no poseo los atributos que la deidad tiene.

Entonces, ¿Qué es la verdad a la que hace referencia Jesús? Jesús hace referencia a la Palabra de Dios. La palabra de Dios se ajusta con la realidad. Lo que la Biblia dice es real, no es mito. Por ejemplo, no fue sino hasta el año 1940, que se declaró el peso del aire; sin embargo, cientos de años antes en el libro de Job se declaró, "Al dar peso al viento". La ciencia ha descubierto que la declaración de Job, es científicamente correcta. Es una declaración real, y así, verdadera.  Por su parte, lo que Dios dice en su palabra, se ajusta a sus pensamientos, Dios no miente. Pablo escribió, diciendo, “en la esperanza de la vida eterna, la cual Dios, que no miente, prometió desde antes del principio de los siglos” (Tito 1:2). Y también, “De ninguna manera; antes bien sea Dios veraz, y todo hombre mentiroso; como está escrito: Para que seas justificado en tus palabras, y venzas cuando fueres juzgado” (Romanos 3:4).  Desde el punto de vista ontológico, la Palabra de Dios es verdad. Jesús dijo, “Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad” (Juan 17:17). Cuando Jesús dice, “conoceréis la verdad”, nos está hablando de la misma Palabra de Dios.

EL EFECTO MISMO DE PERMANECER EN SU PALABRA.
Jesús dijo, “Si vosotros permaneciereis en mi palabra… conoceréis la verdad” (Juan 8:31-32). No hay otra fuente para conocer la verdad, sobre todo, la verdad que afecta en sumo grado nuestra vida física y espiritual.

¿De qué ha servido permanecer en otras “fuentes de verdad”? Las religiones que adoran o veneran al mundo vegetal, no están en la verdad; pues, plantas y árboles no son dioses, sino que fueron creados por Dios: “Después dijo Dios: Produzca la tierra hierba verde, hierba que dé semilla; árbol de fruto que dé fruto según su género, que su semilla esté en él, sobre la tierra. Y fue así.” (Génesis 1:11).  Las religiones que veneran o adoran, y que determinan su vida por la guía del sol, la luna o las estrellas, no están en la verdad, pues todo ello no son dioses, sino que fueron creados por Dios: “E hizo Dios las dos grandes lumbreras; la lumbrera mayor para que señorease en el día, y la lumbrera menor para que señorease en la noche; hizo también las estrellas.” (Génesis 1:16). Las religiones que adoran al mar, a los peces o a las aves, no están en la verdad, pues tales cosas no son dios, sino que fueron creados por Dios: “Dijo Dios: Produzcan las aguas seres vivientes, y aves que vuelen sobre la tierra, en la abierta expansión de los cielos. Y creó Dios los grandes monstruos marinos, y todo ser viviente que se mueve, que las aguas produjeron según su género, y toda ave alada según su especie. Y vio Dios que era bueno.” (Génesis 1:20, 21).  ¿Qué decir de las religiones que adoran a ciertos animales, tales como vacas, monos, serpientes o elefantes? Que no están en la verdad, pues nada de ello posee deidad, sino que todo fue creado por Dios: “Luego dijo Dios: Produzca la tierra seres vivientes según su género, bestias y serpientes y animales de la tierra según su especie. Y fue así. E hizo Dios animales de la tierra según su género, y ganado según su género, y todo animal que se arrastra sobre la tierra según su especie. Y vio Dios que era bueno.” (Génesis 1:24, 25).  ¿Qué de las religiones que adoran al hombre mismo? Que no andan en la verdad, pues el hombre no es dios, sino que también fue creación de Dios: “Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre” (1:26). ¿Es la mujer Dios? No, pues también fue creada por Dios (1 Corintios 11:8; Génesis 2:22).

SIN SU PALABRA ES IMPOSIBLE CONOCER LA VERDAD.
Uno no puede conocer aquello que ya conoce. Pero si hemos de conocer la verdad, entonces es del todo cierto que no la conocemos. La idolatría es evidencia de no conocer la verdad. Pablo dijo a los hombres sabios de Atenas, “porque pasando y mirando vuestros santuarios, hallé también un altar en el cual estaba esta inscripción: AL DIOS NO CONOCIDO. Al que vosotros adoráis, pues, sin conocerle, es a quien yo os anuncio.” (Hechos 17:23).  Nuestra indiferencia hacia las cosas de Dios, indica que no conocemos la verdad. Jesús dijo a la mujer Samaritana, “Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva” (Juan 4:10). Cuando rechazamos a Jesucristo, estamos dando evidencia de que no conocemos la verdad. Fue por esa razón que Jesús fue condenado a muerte, “Porque los habitantes de Jerusalén y sus gobernantes, no conociendo a Jesús, ni las palabras de los profetas que se leen todos los días de reposo, las cumplieron al condenarle” (Hechos 13:27). La perversión, el crimen, la violencia, el robo, los secuestros, las injusticias, el adulterio, las violaciones, los asesinatos y toda clase de vicios pecaminosos, son la más grande evidencia de que los hombres no conocen la verdad. En Efesios 4:17-18, Pablo afirma que hay personas que sufren tres cosas terribles: (1) “andan en la vanidad de su mente”. (2) Tienen “el entendimiento entenebrecido”. (3) Están “ajenos de la vida de Dios”. Pero, ¿por qué? Por dos cosas, “por la ignorancia que en ellos hay”. ¡Ellos no conocen la verdad! No conocen la Palabra de Dios. Esta ignorancia está provocando que el hombre se destruya a sí mismo. Esta ignorancia está provocando mucha amargura y desgracia en el mundo. En segundo lugar, “por la dureza de su corazón”.  Cuando saben de la verdad, cuando saben de la voluntad de Dios, ¿qué hacen? ¿Qué hace usted ante la verdad? ¿La obedece? 

La palabra de Dios dice que, “por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23). Usted ha pecado. Usted está destituido de la gloria de Dios. Eso es verdad. También dice que “la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 6:23). Esto también es verdad. El pecado le ha matado espiritualmente. Le ha dejado sin esperanza para ir a la gloria. Pero, lo que Dios ofrece, lo que Dios da, es “vida eterna en Cristo Jesús”. Esto también es verdad. No obstante, falta que usted acepte este regalo de Dios, obedeciendo sus mandamientos.  ¿Desea conocer el evangelio del Señor, y obedecerlo para la salvación de su alma?