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lunes, 10 de diciembre de 2018

LOS DÍAS DE NOÉ.



Es interesante todo lo que aprendemos al leer Génesis capítulos 4 al 6, sobre todo cuando meditamos en aquellos días, y en nuestros propios días. Con cada mala noticia, con cada crimen, con tanta falsa religión por todas partes, no es sorpresa que preguntemos, ¿están los días de Noé aquí hoy? Así lo parece. ¿Qué es lo que caracteriza a tales días? Vamos a considerarlos a la luz de las Escrituras.

FUERON DÍAS DE PERVERSIÓN.

Según los versículos 1 al 15, vemos claramente que esos días se caracterizaron por la perversión. En primera instancia, encontramos a Caín, su cruenta cultura y religión. Este hombre ignoró el mandado ordenado por Dios en Génesis 3:21.  ¿Y no es esa la mentalidad que abunda en nuestros días? (2 Timoteo 3:5). Estamos viviendo en días de apostasía generalizada (2 Tesalonicenses 2:3; 1 Timoteo 4:1-3; 2 Timoteo 4:3-4).

Para muchas personas Dios no es otra cosa que una “fuerza”, lo cual ha dado pie a una gran variedad de filosofías y auto ayudas. En muchas iglesias vemos esa misma filosofía, a tal suerte que han convertido el evangelio en un mero mensaje social, psicológico, en no más que un “gancho”, un “dulce” o una “tentación” para llenar templos.

FUERON DÍAS DE PROSPERIDAD.

Según la Biblia, “Jabal” (v. 20) fue el primero en practicar la domesticación de los animales.  Ahora, los hombres ya no tenían que cazar y buscar comida, simplemente la levantaban. Esto permitió a las personas tener más de lo que necesitaban. Era tiempo de prosperidad material y Jabal tenía monopolio del mercado.

A pesar del declive de la industria en nuestro tiempo, todavía muchos siguen disfrutando de una prosperidad sin precedentes. De hecho, si vas a lugares como Wal-Mart y los centros comerciales, te preguntas quién trabaja más cuando todo el mundo está gastando. Estos son días en que la mayoría de la gente tiene más que suficiente.

FUERON DÍAS CARACTERIZADOS POR EL PLACER.

Un hombre llamado “Jubal” inventó instrumentos musicales y fue, prácticamente, el padre de la industria del entretenimiento (v. 21).

No se puede negar el hecho de que estamos viviendo en un mundo loco de placer. El 27 de abril, del presente año 2018, se estrenó la película “Avengers: Infinity War”, la cual tuvo una recaudación mundial de “2,047,687,731” dólares.  Entre el 2015 y el 2016, el PIB de la industria cinematográfica creció 15.1 por ciento. El crecimiento anual promedio de la industria cinematográfica en el periodo de 2008 al 2016 fue de 6.5%, superior a 2.2% del PIB nacional. En otras palabras, el comportamiento económico del cine solo en el 2016 fue cinco veces más dinámico que el conjunto de la economía nacional. Por otra parte, el 57% de los mexicanos gasta hasta mil pesos cada vez que sale de fiesta o con amigos. Así lo indica un sondeo realizado por la comparadora de servicios financieros Coru.com y la empresa de estudios de mercado Brad.Feebbo en septiembre de 2018. El estudio indica que 28.9% reconoce menos de 500 pesos como gastos cuanto sale de fiesta. Otro 13.2% gasta más de mil pesos. Solo el 0.9% no especifica la cantidad que desembolsa. Se dice que “los millennials”, representados por jóvenes de 18 a 29 años en el sondeo, son quienes pagan hasta mil pesos cada que salen de fiesta.  Nadie puede negar que, en el pasado, sin la existencia de tanta tecnología, los mexicanos no gastábamos tanto en divertirnos. Hoy en día, los niños deben tener Nintendo, PlayStation, Game Boys, computadoras, reproductores de música, etc. Como en los días de Noé, ¡Somos una sociedad loca por el placer y la diversión!

FUERON DÍAS CARACTERIZADOS POR EL PROGRESO.

En 4:22, vemos que un hombre llamado “Tubal-Caín” descubrió cómo extraer metal del mineral e inventó el negocio de la fundición. Esto permitió a los hombres producir implementos agrícolas más fuertes y armamentos mucho más formidables. El verso 17 habla del auge de las ciudades. Los días anteriores al diluvio estuvieron marcados por avances científicos y de ingeniería. 

De hecho, cuando pensamos en la “construcción del arca” en Génesis 6:14-16, y aunque es verdad que los planes para ellos fueron transmitidos por Dios, aun así debemos reconocer que tal estructura fue construida por hombres. Ese tipo de logro requería una tremenda cantidad de conocimientos tecnológicos.  No son pocos los que creen que, en aquellos días, las personas que existían antes del diluvio estaban, en muchos aspectos, más avanzados que nosotros hoy.

Hay muchos inventos y avances que podrían mencionarse que revelan claramente cómo estamos progresando en los campos científico y de ingeniería, así como en todos los ámbitos de la vida humana. Hoy en día los avances en el campo de la medicina, por sí solos, son casi increíbles. Pero, una de las mayores hazañas de la ciencia en los últimos años fue la misión Voyager 2 al planeta Saturno. Esta pequeña nave estaba cargada con todo tipo de instrumentos científicos delicados, tales como receptores de radio, cámaras y detectores de rayos cósmicos. Podía medir la luz ultravioleta, infrarroja y visible. Podía detectar campos eléctricos y magnéticos, etc.   Esto salió de la tierra y se dirigió a Saturno viajando a cincuenta y cuatro mil millas por hora (eso es veinte veces la velocidad de una bala), y viajó por cuatro años a través de 1.24 mil millones de millas. Cuando esa cosa llegó a su destino, estaba a solo cuarenta y una millas de su objetivo y solo tenía tres segundos de retraso. ¡Creo que es seguro decir que estamos viviendo en un momento de avance humano sin precedentes!

Por cierto, si nos fijamos en los días de Noé, es posible que se llegue a creer que la humanidad estaba haciendo bastante bien. Era próspera. Ellos estaban desarrollando una cultura compleja, con grandes ciudades, el arte y la capacidad para mantener la vida. Ellos avanzaban en los campos de la agricultura, la metalurgia, el arte, la música y la ciencia; sin embargo, y a pesar de todos sus logros, ¡ellos no conocían a Dios! ¿Te suena familiar? Nuestra sociedad está avanzando a un ritmo increíble, pero la humanidad ha elegido un camino que lo lleva cada vez más lejos del Señor.

FUERON DÍAS CARACTERIZADOS POR LA POLIGAMIA.

En 4:23, nos encontramos con un hombre llamado “Lamec”. Se nos dice que se casó con “dos mujeres”. Es la primera persona en el registro de la humanidad que tomó medidas claras para socavar el hogar y la familia. Dios había establecido el estándar (Génesis 2:18-25). Lamec fue el primero en pervertirlo. Fue un tiempo marcado por la lujuria, la indiferencia hacia la voluntad de Dios y sumamente abierto a la perversión.

Lamentablemente, ¡Lamec no sería el último! En Genesis 6:1-4, se nos dice que hubo una mezcla de la familia justa de Set con la maldita y reprobada familia de Caín. Esto produjo una generación de hombres llamados “patanes” (“gigantes”) y "hombres de renombre". Básicamente, lo que tienes aquí es una generación de hombres sumamente violentos que dominaron esa sociedad para su propio placer y beneficio.

Bueno, creo que está claro ver que el matrimonio, como lo define la Biblia, está siendo atacado hoy. La familia que Dios diseñó está siendo desafiada por la fornicación, la homosexualidad y el lesbianismo. La depravación se está convirtiendo en el orden del día. ¿Y el resultado? Desorden social y emocional por todas partes, donde la ley del más fuerte es la que quiere gobernar también nuestra sociedad. 

FUERON DÍAS CARACTERIZADOS POR EL ORGULLO.

Según el verso 24, Lamec declara que su valor es mucho mayor que el de su antepasado Caín. Él se erige como superior, sobre todo, y aún sobre la vida misma. Él es el primer verdadero humanista. Se ve a sí mismo como el número uno y cree que todas sus acciones son correctas. Su nombre significa "poderoso", y vivió como si todo el poder residiera dentro de él. Si observa los nombres de la descendencia de Caín en los versículos 17-18, notará que algunos de los nombres incluyen el sufijo "El". Este es un nombre para Dios, básicamente se refiere a Él como el Dios de la creación, poniendo de manifiesto el orgullo de estos hombres.

Nuestros días no son muy diferentes. Cuando escucho a políticos liberales, homosexuales y otros infieles que usan el nombre de Dios, me doy cuenta de que los días de Noé están aquí.   Quieren pagarle el servicio de labios; pero no quieren que Él se involucre en sus asuntos, o en los asuntos del mundo en absoluto. Si podemos identificar un día en que los hombres creen hacer lo que es correcto ante sus propios ojos, ese el día en el que estamos viviendo. Los hombres no tienen respeto por la Palabra de Dios. No temen al Señor, pero viven como quieren vivir sin pensar en un infierno eterno qué evitar.

El grito de batalla de la hora es: “No me digas cómo vivir mi vida. Haré lo que me plazca y no responderé ante nadie por ello”Las personas se niegan a inclinarse ante la autoridad de Dios o su Palabra. Ellos caminan en el orgullo de la vida y no hay temor de Dios ante sus ojos (cfr. 1 Juan 2:16; Romanos 3:18).

FUERON DÍAS CARACTERIZADOS POR LA CONTAMINACIÓN.

En primera instancia, contaminación social. Los versos 5-6; 11-12 revelan el clima moral y social de aquellos días. Fueron momentos en que los hombres hacían lo que querían sin pensar en el bienestar o la propiedad de los demás. El asesinato y el crimen eran rampantes en esa sociedad. Por supuesto, cuando los hombres se desprenden de Dios y su influencia restrictiva; degenerarán en las profundidades de la depravación y la maldad.  Ahí es donde estamos hoy.   Piense en esto: en Estados Unidos, un asesinato se comete cada treinta y cuatro minutos, una mujer es agredida sexualmente o violada cada dos minutos, y una casa es robada cada nueve segundos. ¡Y en México las cifras no son mejores!   Y todo parece indicar que las cosas van a empeorar. Mientras se le diga a una generación que no hay Dios, que no hay Cielo y que no hay Infierno, el resultado no puede ser sino toda una desgracia. Si no hay Dios, entonces no hay un estándar del bien y del mal, todo es relativo. Si no hay Dios, entonces el hombre es producto del azar aleatorio y la evolución, y puede hacer lo que le plazca. Y si no hay infierno, entonces no hay sentido de justicia, no hay esperanza para los afectados, no hay castigo para los malvados. ¡No hay nada qué temer!

En segundo lugar, contaminación sexual: fue un momento de yugos desiguales en el matrimonio, (Génesis 6:1-4) y tolerancia de los estilos de vida malvados y malos (Génesis 4:19-24). De hecho, la línea de sangre de la humanidad se había contaminado tanto; que solo Noé fue considerado puro en sus generaciones (Génesis 6:9). La castidad y la moralidad se han convertido en principios obsoletos y arcaicos. El sexo ya no está reservado para la relación matrimonial como Dios lo desea.   Ahora, el sexo es solo para la diversión y el placer. La virginidad ya no se ve como un regalo precioso que debe ser apreciado y preservado para su compañero de vida; es visto como una mercancía que se intercambia por afecto, aceptación, dinero o placer.  ¡Solo mire a nuestra sociedad y es fácil ver que somos personas obsesionadas con el sexo!  Considere el aumento en los últimos años en los maestros que tienen relaciones sexuales con sus estudiantes. Mire el aumento en el abuso sexual infantil. Mire el aumento de la pornografía en nuestra sociedad. Las cosas que antes se hacían en cuartos “obscuros” y se hablaban en susurros se muestran abiertamente para que todos los vean.  Lo que solía estar escondido en la oscuridad ahora se ostenta en las vallas publicitarias, televisores y pantallas de cine de América. Una búsqueda inocente de información en Internet puede convertirse en una experiencia reveladora, si no se tiene mucho cuidado.   Los valores tradicionales y la moral están bajo un ataque creciente en estos días. La homosexualidad y el lesbianismo no son meramente tolerados; sino promovidos como "estilos de vida alternativos" y ¡Ay de la persona que se atreva a hablar en contra de eso! ¡No hay duda de que estamos viviendo en días contaminados que se están haciendo cada vez más oscuros!

En tercer lugar, contaminación espiritual: el versículo 12, del capítulo 6, nos dice que los hombres habían "corrompido su camino sobre la tierra"Los hombres se habían apartado de la adoración del verdadero Dios para abrazar lo oculto. Adoraban a ídolos y sus mentiras mientras rechazaban la verdad del Señor. Lo mismo es cierto en nuestros días.   La gente está atrapada en la superstición. Observe el aumento de los “psíquicos” y el interés por los ángeles. Simplemente vaya a cualquier librería grande y verá rápidamente que la brujería, la astrología, el espiritismo, los fenómenos psíquicos, las religiones demoníacas y el satanismo han penetrado en nuestra cultura a un nivel aterrador. Pero, ¿qué debemos esperar? El hombre es un ser religioso y adorará algo. Cuando Dios es removido de una cultura, Él será reemplazado por falsificaciones satánicas. Siempre ha sido así, y siempre lo será (Romanos 1:18-28).

En conclusión, los Cainitas establecieron la temperatura moral y espiritual de esa época.  Controlaron la opinión pública y establecieron lo que a su juicio era correcto. Los descendentes de Set, por otro lado, parecían tener muy poca voz en esa sociedad. Es mucho de lo mismo hoy. El mundo, que en su mayor parte ha dado la espalda a Dios, establece el tono moral y espiritual de nuestra sociedad. Le prestan un servicio especial al Señor y le niegan el amor, la devoción y la adoración que Él merece. ¿Qué hacen los justos? No mucho, su voz no se escucha.

¿Han llegado de nuevo los días de Noé? ¿Puedes ver lo que tales días implican? Implican que el mundo está suficientemente maduro como para ser objeto del juicio de Dios. No obstante, no todo es negativo, pues aún en esos días, había un hombre de Dios, una familia de Dios. Y así como en ese día, por su gracia, él y su familia fueron salvados de aquel mundo perverso y vil, así hoy en día, usted puede entrar al arca, y experimentar su diluvio que lo salvará del mundo perverso que existe en nuestro tiempo. No y los suyos “fueron salvadas por agua. El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva (no quitando las inmundicias de la carne, sino como la aspiración de una buena conciencia hacia Dios) por la resurrección de Jesucristo” (1 Pedro 3:20, 21). El bautismo es nuestro diluvio, y Cristo es el arca de salvación. Hoy todos podemos ser “salvos de esta perversa generación” (Hechos 2:40), obedeciendo el evangelio de Cristo, el poder de Dios para la salvación de todo aquel que cree (Romanos 1:16). Si usted desea saber qué debe hacer para recibir el perdón de sus pecados, le invitamos a que se comunique lo más pronto posible con un servidor, para compartirle el plan bíblico que Dios ha preparado para morar con él por la eternidad.


Lorenzo Luévano Salas.
www.volviendoalabiblia.com.mx

jueves, 6 de diciembre de 2018

EXHORTAOS LOS UNOS A LOS OTROS.


Amados hermanos, ya se acerca el año nuevo, y como tal, tengo el deseo de que cada uno de nosotros, lo vea como “el año del aliento mutuo”.  En Hebreos 3:12-13, leemos: “Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo; antes exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: Hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado.”.  Desde luego, algunos de ustedes pensarán que esto debe ser una constante en nosotros, y no un mero proyecto de año. Y eso es verdad. Sin embargo, y aunque debe ser una constante para nosotros, aún así siempre hay un tiempo en el que debemos empezar, y así, podemos empezar este año.

Según Hebreos, hay algo en lo que todos debemos estar atentos. El texto dice, “Mirad, hermanos”, indicando que se trata de una vigilancia colectiva. Es una actividad en la que cada miembro de la congregación ha de ocuparse. No es una responsabilidad solo del predicador, o de los ancianos, sino de todos y cada uno de nosotros.

¿Y qué cosa debemos vigilar? El corazón nuestro, y el de nuestros hermanos. Las sagradas palabras dicen, “que no haya en ninguno de vosotros”, lo cual nos enseña el punto y la extensión de nuestra vigilancia. Debemos estar alertas con respecto a nuestra comunión con Dios. La incredulidad, cuando encuentra cabida en el corazón, provoca nuestro alejamiento paulatino de Dios. La incredulidad provoca que nuestro corazón se dirija hacia una dirección contraria a la de Dios. Y aunque pudiéramos estar presentes en nuestras asambleas, sufrir la triste realidad que nuestro corazón esté lejos de Dios (cfr. Isaías 29:13). Cuando esto sucede, ya no participamos en las actividades de la iglesia con gozo (cfr. Hechos 5:41; 1 Tesalonicenses 5:16), ni con el corazón por delante (cfr. 2 Corintios 9:7; Colosenses 3:16; 3:23). Nos apartamos del Dios vivo, y aunque hagamos la voluntad de Dios según lo que está escrito, convertiremos todo ello en meras obras mecánicas sin vida, sin espíritu (cfr. Juan 4:24).  Entonces, no solo debemos estar atentos con respecto a nuestro corazón, sino también que, en nuestros hermanos no existe ese terrible mal. ¿Cómo saber si en nuestros hermanos hay o no un corazón malo de incredulidad? Bueno, “porque de la abundancia del corazón habla la boca” (Lucas 6:45). Las acciones, la manera de vivir y las conversaciones de nuestros hermanos, nos ayudan a saber si el ánimo en ellos está decayendo, o se encuentra total y plenamente derrumbado.  En el corazón de todos hay un tesoro, y este tesoro no es otra cosa que la acumulación de todos sus pensamientos, deseos, planes, intentos y ambiciones.  Por eso, la conversación continua con nuestros hermanos, ayuda a que podamos conocer el ánimo en el que nuestro hermano, o nosotros mismos, estamos padeciendo.  Estemos alerta para que, de ver en todo ello “incredulidad”, actuar pronto para que nadie viva apartado del Dios vivo. De allí la necesidad de exhortarnos unos a otros cada día.

Entonces, debido a que el estímulo es tan importante para todo cristiano, Dios no solo lo recomienda; más bien lo manda explícitamente (1 Tesalonicenses 4:18, 5:11; Hebreos 3:13). Dios ordenó que su gente se alentara mutuamente porque él sabe que lo necesitamos. En el Evangelio de Juan, Jesús advirtió que “En el mundo tendréis aflicción”, para luego seguir con palabras de estímulo: “pero confiad, yo he vencido al mundo” ( Juan 16:33 ). Vivimos en un mundo roto donde todo nos llama al egoísmo y la desesperación. El pecado roba alegría, nuestros cuerpos se derrumban, nuestros planes fallan, nuestros sueños mueren, nuestras resoluciones y perspectivas se debilitan. Esto es tan real, que incluso en las Escrituras se nos advierte la existencia de sufrimiento (1 Pedro 4:12), persecución (Juan 15:20; 2 Timoteo 3:12) y pruebas de varios tipos (Santiago 1: 2-3).

Además, cuando el estímulo está ausente en la vida de una iglesia, las personas se sentirán desamparadas, sin importancia, inútiles y olvidadas. Dios sabe que su pueblo necesita recordatorios llenos de gracia, por lo que nos llama a alentarnos unos a otros todos los días hasta que nuestro Señor regrese (Hebreos 3:13).

El estímulo bíblico no se centra en apreciar el corte de pelo de alguien, o en decirle qué tan bien sabe su salsa hecha en casa. Ese tipo de estímulo es importante, pero el estímulo al que se refieren las Escrituras es explícitamente el aliento cristiano, que tiene fines netamente espirituales.

Nos debemos estimular con la esperanza de que nuestros corazones se elevarán hacia el Señor (Cfr. Colosenses 4:8). Señala evidencias de gracia en la vida de otra persona para ayudarlos a ver que Dios los está usando. Señala a una persona las promesas de Dios que les aseguran que todo lo que enfrentan está bajo su control (Cfr. Filipenses 1:12).

El Nuevo Testamento revela que el estímulo era una parte regular de la vida de la iglesia primitiva en conjunto (Hechos 13:15, 16:40, 18:27, 20: 1-2, 27:36). Compartieron las palabras saturadas de las Escrituras para animarse unos a otros con fe (Hechos 14:22), esperanza (Romanos 15: 4), unidad (Romanos 15:5; Colosenses 2:2), alegría (Hechos 15:31), fortaleza (Hechos 15:32), productividad (Hebreos 10:24-25), fidelidad (1 Tesalonicenses 2:12), perseverancia (Hebreos 10:25) y la certeza del regreso de Cristo (1 Tesalonicenses 4:18). El estímulo era y es una forma esencial de extender la gracia entre sí.

Aunque no hay solo una manera de animarnos unos a otros, aquí hay algunas ideas para ayudarlo a comenzar.

Pida a Dios sabiduría para animar eficazmente a sus hermanos. Por medio de su palabra, el Señor crea en nosotros un corazón que ame a los demás (Salmo 51:10), y por medio de la oración, podemos solicitar de él la creatividad necesaria para saber cómo mostrarlo (Santiago 1:5). Pídale que lo ayude a morir al egocentrismo y a crecer en el deseo de construir con otros.

Considere e imite la vida de hombres sabios. Le recomiendo estudiar la vida de Bernabé, es decir, “El que consuela a otros” (Hechos 4:36/TLA). Él era el tipo de persona que usted quisiese tener a su alrededor mientras se sirve al Señor. Él era un hombre que alentaba a otros espiritualmente, tanto que llegó a ser uno que quiso ver florecer a la iglesia. Y para ello, hizo todo lo que estaba dentro de sus posibilidades para lograrlo. Usted puede cultivar esos mismos valores que tuvo Bernabé, por lo que llegó a ser de mucha bendición para la iglesia.

Haga el dar aliento una disciplina diaria. Nunca antes como hoy, es posible tener contacto con nuestros hermanos a diario. Los medios de comunicación, como los teléfonos celulares, y las redes sociales, han llegado hacer posible, prácticamente estar en contacto con otros cada día.  Desde luego, y aunque lo ideal sería estar en contacto con nuestros hermanos en persona, aun así, estos medios de comunicación bien pueden tener un uso que resulte en bendición para nosotros. Por otro lado, es verdad que para muchos, el dar aliento es algo que pueden hacer naturalmente, para otros, no tanto. Por eso, haremos bien en tener en nuestro calendario, o en nuestra agenda, o en un lugar que sea visible, tener un recordatorio para enviarle a alguien una nota alentadora, un correo electrónico, un mensaje de texto o una llamada telefónica. Si es necesario, tengamos ese recordatorio para hacer una pausa, orar y luego intencionalmente tratar de estimular a alguien en Cristo.

Esté atento por aquellos que necesitan ser animados. Para esto, usted debe estar atento en relación con cada uno de sus hermanos en la congregación. ¿Los conoce, al punto de poder ver cuál es su ánimo en el Señor? Observe a cada uno de ellos, y esté atento, y entonces, ponga en su lista de prioridades, animar al hermano que vea más debilitado, o espiritualmente necesitado. De seguro encontrará a más de uno.

Use y medite en las Escrituras. Nada nos alienta tanto como las promesas de la Palabra de Dios. Haga una lista de las Escrituras que Dios ha usado para bendecirlo personalmente, o un extracto de aquella predicación que le ayudó en su fe. Escudriñe los Salmos, las epístolas, y los Evangelios. Encuentre y comparta las riquezas de la gracia de Dios que allí encuentre con los demás.

Sea específico en lo que dice.  Al animar a un hermano, no se pierda con palabras, situaciones o experiencias generales. Sea preciso y específico en sus palabras. Hacia qué dirección quiere usted llevar a su hermano en Cristo, para que no pierda su fe, o para que recobre aliento. ¿A notado que nuestro hermano no participa en la hermosa obra de evangelismo? ¿Ha notado que no canta alabanzas con alegría? ¿Ha notado que no está participando en las colectas que la iglesia celebra para su obra? ¿Ha notado que sigue faltando a las clases bíblicas? ¿Ha notado que su conocimiento de la Biblia es muy bajo, o que lo está perdiendo? ¿Ha notado que evita convivir con el resto de los hermanos? ¿Lo nota apartado? ¿Ha notado que su lenguaje no es espiritual, sino mundano, o pesimista? ¿Ha notado que su matrimonio está en crisis? ¿Ha notado que tiene conflictos con sus hijos? En fin, usted debe aconsejar a la luz de las Escrituras sobre estas cosas, y estar disponible para ayudarle en lo que sea posible.

Regularmente aliente a los ancianos y/o al predicador.  Si sus pastores, o el predicador dice algo que Dios usa, cuéntaselo. No espere que él le conteste, solo envíe unas líneas en una tarjeta o un correo electrónico. El agradecimiento es uno de los más grandes motivadores para aquellos que hemos entregado nuestras vidas al servicio del evangelio, y sobre todo, cuando sabemos que la obra que hacemos, así como nuestra conducta, redunda en el crecimiento espiritual de nuestros hermanos.

Oremos para que Dios nos ayude a crear una cultura de exhortación en la congregación.  Pidamos a Dios, y estemos dispuestos y activos para que nuestra congregación sea una comunidad que se ame de manera específica y tangible, para estimularnos los unos a los otros (Hebreos 10:24). Avivemos esa esa llama. No se desanime si las personas no responden pronto, o siguen un camino diferente (Mateo 6:3-4; Efesios 6:3-8), o incluso, si no ve fruto en ello (Gálatas 6:9-10). Crear una cultura en la congregación que glorifique a Dios toma mucho tiempo, mucha oración y abundante gracia. Te animo a que inicies y sigas en ello.

Entonces, ¡manos a la obra! ¿A quién puedes animar ahora mismo? ¿Quién te ha bendecido recientemente que puedes agradecer? ¿Qué versículo puedes compartir con ellos? ¿Cómo podría Dios usarlo? Que el Señor haga más de lo que podemos imaginar a través de un pequeño estímulo (Efesios 3:20-21).

Lorenzo Luévano Salas.

viernes, 28 de septiembre de 2018

YO HE ROGADO POR TI.

No cabe duda que, tener fe en Dios cuando sabemos que hemos vivido rectamente delante de su presencia, es algo sencillo. Caminar sin ninguna carga de culpa sobre nuestros hombres es fácil. Ser alumbrados por la santidad de Dios, al mantener nuestras vestiduras blancas, no produce ningún tipo de vergüenza, ni mucho menos razón alguna para agachar la cabeza o pretender esconderse de él.

Pero, ¿qué hay cuando hemos fallado? El azote por nuestras transgresiones es justo. Sabemos que al haber tomado una decisión loca, y haber tomado un camino distinto al que nuestro Dios nos ha señalado, nos ha hecho dignos de sufrir vergüenza, culpa y desolación. La zozobra es grande en medio de tan obscura tempestad. No obstante, en medio de tales circunstancias difíciles, recuerde las palabras del Señor, cuando dijo a Pedro, “Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos.” (Lucas 22:31, 32). ¡Cuán grande es el amor del Señor! Es alentador saber que, a pesar de nuestros errores, el Señor sigue siendo nuestro mediador, para que, la esperanza de nuestra restauración no falte.

La fe, bajo un sentido de culpa, es uno de esos nobles tipos de fe ante la cual algunos se sorprenden. Como dije, la fe de un fiel es comparativamente fácil; la fe de quien ha pecado es sumamente difícil. Cuando sabes que has caminado rectamente delante de Dios, y nos has manchado tus vestidos, entonces puedes confiar en Él sin dificultad: pero, cuando te has desviado, y cuando el Padre celestial te conduce por fin a lastimarte bajo Su vara, entonces, si te arrojas sobre Él, eso es verdadera fe. No dejes de ejercitarla, pues esta es la fe salvadora. ¿Cuál es la fe que, primero que nada, conduce a los hombres a la posesión de una buena esperanza, sino la fe de un pecador? Con frecuencia en la vida, cuando nuestra culpa se nos torna más manifiesta que lo usual, seremos guiados a ese primer tipo de fe, en la que, siendo indignos, confiamos enteramente en la gracia y el perdón de Dios. Sería sabio vivir siempre por esta misma fe. Si alguno de ustedes se encuentra en este momento en medio de una gran zozobra, y está consciente que merece con creces todos sus problemas por causa de su insensatez, debe confiar en la misericordia del Señor. No tengan dudas del Señor su Salvador, pues Él invita a Sus hijos rebeldes a que regresen a Él. Aunque hayan caído por su iniquidad, no se escondan, ni se alejen, mejor regresen al Señor. Que el Espíritu Santo, a través de la Palabra, les dé una confianza renovada en el Señor, que perdona la iniquidad, la transgresión, y el pecado, y no retiene para siempre Su enojo, porque él es grande en perdonar. Recuerda, “Yo he rogado por ti, para que tu fe no falte”.