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lunes, 26 de enero de 2015

"NO DUDE DE LA PROTECCIÓN DE DIOS"

Dios vio que “la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal.” (Génesis 6:5).

La maldad de los hombres era MUCHA. Para que el pecado se extienda sobre la tierra no hacen falta muchos años.  El pecado llegó a existir en tan solo dos corazones, y ahora, en los días de Noé, la maldad llegó a ser un problema mundial.

¿Y qué decir de los efectos de la maldad? El robo, el crimen, las drogas, el alcohol, los vicios, la inmoralidad y la violencia son ya el pan nuestro de cada día.  ¿Cómo escapar? Por más rejas que el hombre ponga en casa, siempre tiene el temor de ser afectado por los efectos de la maldad. Es “mucha” y está por todas partes.  La adversidad es mucha, la aflicción es mucha, el agravio está a la vuelta de la esquina, la avaricia nos inunda, la calamidad es mucha, la calumnia está a punto de golpearnos, lo depravado va en aumento, los desastres, la desgracia, la destrucción, lo doloroso, la impiedad, la injusticia, la malicia y la perversidad son como una sarna infecciosa. 

¿Quién puede salvarnos? Necesitamos a Dios para ser salvos: “los que en otro tiempo desobedecieron, cuando una vez esperaba la paciencia de Dios en los días de Noé, mientras se preparaba el arca, en la cual pocas personas, es decir, ocho, fueron salvadas por agua” (1 Pedro 3:20).  Dios salvó a Noé y su familia “por agua”.  El diluvio libró a Noé y su familia de toda esa maldad que se había multiplicado en el mundo.  Después del diluvio no hubo razón para temer más.  Podían bajar del arca con toda confianza. No había más ladrones y asesinos, no había más difamación, ni envidia. No había más inmoralidad y depravación.  El mundo ha quedado limpio.

Mi amado hermano en Cristo, si usted vive con Dios y para Dios, él puede guardarle de toda la maldad que hoy aflige a nuestra sociedad.  Él nos protege, él nos cuida.  Un servidor y mi familia vivimos en una ciudad muy violenta, y siempre andamos en la calle a veces hasta muy noche, y en lugares peligrosos pero, Dios está con nosotros.  La Biblia dice, “El que habita al abrigo del Altísimo, morará bajo la sombra del Omnipotente.” (Salmo 91:1). Dios nos da “abrigo” y “sombra”.  El frío de la maldad, y la lluvia de la violencia no podrá tocarnos, ni hacernos daño.  Dios es nuestro “castillo” (v. 2), es nuestra “esperanza”. 

Descansemos en las palabras de Dios que nos recuerdan, “Él te librará del lazo del cazador, de la peste destructora.” (v. 3). La salvación de Dios es segura, él nos mantiene libres.  La maldad no podrá acercarnos y hacernos daño.  Él nos “cubre”, es nuestro “escudo”, ¿Cómo podrá dañarnos la maldad? 

“No temerás el terror nocturno, Ni saeta que vuele de día, Ni pestilencia que ande en oscuridad, Ni mortandad que en medio del día destruya. Caerán a tu lado mil, Y diez mil a tu diestra; Mas a ti no llegará.” (v. 5-7), ¿Hay razón para temer? Las estadísticas nos hablan de miles de muertos, y aunque caigan por la maldad otros mil, el Señor nos salvará.

No obstante, cuando enseño estas promesas de Dios, y cómo él nos guarda del mal, muchos me señalan a varios hermanos en Cristo que han muerto a manos de la delincuencia, creyendo que tales crímenes ponen en tela de juicio mi convicción sobre la providencia de Dios y su cuidado.  Me invitan a considerar y modificar mi predicación.  Me invitan a tomar otra postura, y a interpretar todos esos textos bíblicos de manera espiritual, para concluir que vivimos sin protección y cuidado en este mundo.  Pero, ¿acaso estamos solos? ¿Acaso Dios solo se ocupa de nuestras necesidades espirituales, y nos abandona sin querer hacer nada en este mundo lleno de maldad y violencia? No lo creo.  Entonces, ¿cómo explicar la muerte de queridos y fieles hermanos que han sido afectados por hombres perversos?

Bueno, es mi convicción de que, si asesinan a un cristiano, no debemos dudar de la protección de Dios.  El asesinato de un cristiano no es un misterio, ni producto de un descuido divino, ni mucho menos que vivamos en este mundo sin su cuidado. El crimen que un hijo de Dios sufre, es permitido por la sabiduría de Dios.  Usted debe recordar que  así como algunos vivieron a pesar de estar en medio del fuego (Daniel 3:23-26), o en un foso lleno de leones hambrientos (Daniel 6:16-23), así también otros murieron a filo de espada o bajo la ira de la muchedumbre que los lapidaba sin misericordia (cfr. Hebreos 11:37; Hechos 7:57-60).  Confiemos en la sabiduría de Dios, confiemos en la protección de Dios.

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Adaptado de la serie de sermones: "Todos necesitamos a Dios".
Escuche la serie completa en www.volviendoalabiblia.com.mx 

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